¿Viviremos más por ser más felices?

Resulta sorprendente la cantidad de ocasiones en que un grupo de científicos ha abordado la pregunta de si la felicidad prolonga la vida o —lo que es lo mismo, pero al revés— si la infelicidad la acorta.

Numerosos estudios han hallado algún tipo de relación general entre la felicidad y la longevidad, pero en todos ellos la conclusión va siempre acompañada de una inevitable pregunta: la felicidad, ¿influye directamente en la longevidad? ¿o la gente feliz tiende a tener unos hábitos de vida propicios para la longevidad?

Esta semana la revista The Lancet ha publicado el resultado de un colosal estudio prospectivo en el que se ha seguido la vida (y también la muerte) de 719.671 mujeres del Reino Unido, registrando datos de salud, hábitos de vida y percepción de felicidad.

Igual que en estudios anteriores, el primer análisis sugería una asociación general entre “ser feliz” y “vivir más”. Pero tras analizar los posibles factores de confusión y, muy especialmente, tras ajustar los resultados según el estado de salud al inicio del seguimiento, la felicidad resultó no influenciar —por sí misma— en los años de vida.

La clave está en el perfil de las felices vs. infelices, pues por lo visto, la vida sedentaria, el tabaquismo o el insomnio (entre otros) son factores que condicionan la felicidad, al tiempo que —como ya sabíamos— reducen la esperanza de vida. Dicho de forma rápida y vulgar, la esperanza de vida de una fumadora feliz será más o menos la misma que la de una fumadora infeliz.

Como siempre, la noticia ha sido interpretada por los medios generalistas según el titular que vende más (algo así como “La felicidad no alarga la vida”), pero tan o más importante que esta conclusión es la constatación de que ciertos hábitos de vida no solo alargan la vida, sino que también son fuente de felicidad. Así que, una vez leído el titular más llamativo, ¿qué mejor noticia que algunas de las cosas que nos hacen vivir más también nos hacen ser más felices?

Como todas las navidades, las que vienen nos ofrecerán mesas llenas a rebosar de disyuntivas entre placer (felicidad) y salud. Mientras tanto, abracemos las buenas noticias que la ciencia nos sugiere: “haga usted deporte, no fume y tenga vida social; vivirá más y, por si fuera poco, será más feliz”.

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